Es una cerrada noche de Junio del 80. Noche de dictadura. Oscura,
asesina. En un boliche del centro, le propongo a Hugo Brocos juntar
un grupo de veinte muchachos y sacar una murga para abrir la noche.
Comienza a volar el sueño de una muchachada increíble:
Meter Aníbal Pazos, El Gallo El Zurdo Bessio, Julio Julián,
Roberto García, El Tigre Steiner, El Mestizo Arismendi, Ricardo
Fontana, El Negro Grazzano, El Gallego Arakistain, El Canario Luna,
El Negro Pelé, Ronald Arismendi, el Loco Duncan, Miguelito,
y tantos otros que bajo la dirección escénica de Tito
Bossio, experimentado carnavalero de la época, salimos a sacarnos
el berretín desde la sede del glorioso Club Atlético
Fénix.
Desde el primer tablado el vestuario de Julio Martínez, rojo,
negro y blanco, le da sus colores distintivos a la murga.
Las músicas elegidas, casi todas con letras originales prohibidas,
y la forma de decir y de cantar entre joven y experimentada, le dan
su impronta propia. Bautizada por Tarzán García, nace
Falta y Resto, voz del truco criollo que se da cuando parece que el
partido está perdido. Cuando lo único que queda es jugarse
el todo por el todo.
La lucha contra la dictadura se consolida.
La censura ataca y prohíbe casi todo
el repertorio. Idas y venidas, interrogatorios coercitivos y al final,
salimos leyendo la nueva letra recompuesta en 24 horas. El éxito
es mayor de lo previsto. La gente es cómplice de la transgresión
y festeja. Cada actuación es referencia política y cultural.
Crece el circuito de carnaval y las actuaciones solidarias. La murga
responde en los dos frentes y vuelve a marcar diferencias con un espectáculo
unitario por primera vez en la categoría: las cuatro estaciones.
Para leer toda la historia ingresa
en: www.murgafaltayresto.com.ar