Diablos Verdes nació en 1939, en la barriada de la Teja, calles de tierra y zanjones, más precisamente en la calle Dionisio Coronel, entre Real y Carlos Tellier. Fue fruto de la inspiración de un grupo de botijas que decidieron sacar una murga y debe su nombre a una de las vecinas (Doña Carlota) que apoyaron confeccionando los trajes de arpillera que lucían orgullosos los chiquilines dirigidos por el pequeño Antonio Iglesias. Los primeros instrumentos que utilizaron fueron construidos por otro Antonio Iglesias, que aunque parezca mentira no tenía ningún parentesco con el incipiente director. Otros de los vecinos que colaboraron mucho en esta gestación fueron Santiago Campos y Hernán Cejas.