¿Cómo se sienten con la
respuesta que están teniendo en los barrios?
Estoy muy contento, porque la respuesta de la gente
se refleja directamente en el número de tablados que hicimos;
si no se nos hubieran suspendido diez por el mal tiempo, llegábamos
con 107 a la Segunda Rueda. Y no está sólo el tema de
la cantidad sino de la calidad, porque la gente nos ha recibido con
mucho cariño, en todos los tablados y en todos los barrios. Siempre
es un motivo de alegría que el espectáculo funcione muy
bien tanto en Manga como en el Defensor, tanto en Tres Cruces como en
Rincón del Cerro. Eso está buenísimo porque quiere
decir que la gente entiende lo que le cantamos, entiende lo que le queremos
decir y lo disfruta. Eso es para lo que sale uno, para sentir ese abrazo
de la gente. El Carnaval es como una fiesta de la comunicación,
un intento desesperado de comunicación... y cuando se concreta
es muy lindo.
¿Qué es lo que le quieren
comunicar a la gente?
Eso depende del año, de lo que tengamos en el
espectáculo. Este año nos pusimos a hablar sobre una cantidad
de cosas que pasan en el mundo... por ejemplo con los hombres de mundo
estamos hablando de la resignación, y lo peligrosa que es como
remedio al desconsuelo que da el que las cosas no se puedan cambiar.
La resignación como remedio nos parece muy peligrosa, y teníamos
ganas de hablar del daño que causa en el mundo. También
queríamos hablar sobre qué pasa con los niños en
el mundo; este es un año muy importante para nosotros, porque
nacieron tres niños que son hijos de nuestros amigos. Nos parecía
que un espectáculo del fin del mundo tenía que tener un
lugar para ellos, queríamos darles ese regalo. Y también
dejar la reflexión sobre qué mundo les dejamos a los niños
que vienen... nosotros estamos como en un limbo porque somos recién
grandes, estamos acostumbrados a hablar del mundo que nos dejaron, pero
ahora nosotros también estamos dejando un mundo, decidiendo y
haciendo cosas que inciden sobre él. Entonces nos pusimos a pensar
un poco sobre eso, sobre qué pasa con nuestras acciones, y qué
consecuencias traen para el mundo de nuestros niños. Hay otras
cosas que tocamos con humor, pero esto lo tocamos con seriedad. Hablamos
justamente de qué está pasando en el mundo, y cuál
es la responsabilidad de cada uno en eso.
¿“Agarrate Catalina”
está creando su propio lenguaje dentro del Carnaval?
En realidad nosotros no inventamos nada, es mucho más
fácil para nosotros porque ya existían cien años
de murga para atrás, donde grandes murgueros probaron una cantidad
de cosas que nosotros vimos y aprendimos desde los tablados. Lo que
hacemos es mezclar con una cuchara diferente el mismo tuco que hicieron
esos tipos; tenemos la ventaja empírica de que ellos ya han probado
mucho, y nosotros nos paramos sobre los peldaños que construyeron
e intentamos hacer cosas nuevas, que capaz que sirven para después
y capaz que no. Lo que intentamos es tener una coherencia muy grande
con lo que pensamos, que en nuestros espectáculos prime la honestidad.
Queremos decir lo que realmente tenemos ganas de decir, y hacerlo de
la forma en que tenemos ganas de decirlo. Que nada, ni siquiera el concurso,
nos ponga límites a eso. De repente por ahí se puede estar
formando un lenguaje de la murga, sinceramente no lo sé, aunque
estaría bueno que pasara. Lo que sí sé es que actuamos
de una forma en que sentimos lo que hacemos.
Hay algo que podría señalar
una tendencia en las murgas provenientes de Murga Joven, y es que el
concurso, si bien importa, puede llegar a ser secundario... ¿es
así con ustedes?
Creo que el concurso está bueno,
y está bueno disfrutarlo de una manera especial. A su vez lo
del año pasado también nos gustó... a todo el mundo
le gustan los mimos, estuvimos hasta la una de la tarde del otro día
festejando. Pero claro, no es lo principal. Hay un montón de
cosas que pasan en los tablados que sí son fundamentales. Si
a nosotros –o a cualquier carnavalero, espero yo- le dan a elegir
entre llevarse la copa para la casa habiendo hecho un tablado, o salir
en el lugar que a los jurados les parezca que hay que salir y hacer
130 tablados... es obvio que vamos a elegir los tablados. Porque el
Carnaval es eso, son los tablados, la fiesta está ahí.
Es divino el Teatro de Verano, el concurso tiene una mística
increíble, y se puede disfrutar. Pero en el caso de la “Catalina”
no es el objetivo principal, de ninguna manera. El objetivo es hacer
un buen espectáculo con el que estemos conformes, regalárselo
a la gente de la mejor manera que podamos, y laburar y rompernos todos
para que salga de la mejor manera. Después está buenísimo
si viene el premio, no te voy a decir que me dio lo mismo cuando ganamos
el año pasado porque no es verdad; me encantó haber ganado.
Pero como te decía, no es el objetivo primordial, y jamás
–por sobre todas las cosas- nos puede enceguecer e impedir disfrutar
el goce de los tablados. Cuando el concurso te envenena y empieza a
hacer que no disfrutes otros espectáculos, cuando entrás
a cuestionar envenenado el trabajo de otros compañeros que están
haciendo un espectáculo por el que también trabajaron
mucho, y lo que vas a ver es que se caiga el trapecista... eso está
muy mal. Cuando te enceguece el oro de la copa, que es de lata pintada...
marchaste. Ojalá que no nos pase nunca, por ahora no nos ha pasado
y venimos disfrutando bárbaro. Disfrutamos de lo que hacemos
por el hecho de lo que hacemos, y con la suerte que tenemos de que la
gente nos escuche, nos espere y nos quiera... eso es impagable, y pesa
muchísimo más en la balanza que cualquier copa, cualquier
medalla, cualquier estatuita. No hay duda de eso.