Viernes 23hs, justo al filo del sábado. No sé los grados que hay, pero hace frío, sin embargo la sensación térmica es muy alta. No puedo distinguir a simple vista el número de personas, son muchos, se escucha griterío, carcajadas, brindis, corridas. Están conectando los aparatos de sonido, se convoca para esta hora, pero ya se sabe estamos en Uruguay, y tenemos un rato más para esperar. A cien metros de mí se encuentran dos chicos que se abrazan y se invitan con una grapa, …”para ir calentando la garganta…” (dice uno al otro).No estamos en Ciudad vieja, ni en la previa de un recital, nos encontramos en la cantina de
una cancha de fútbol 5, donde ensaya una murga, la cual brinda cada viernes las llamadas “PEÑAS DE INVIERNO”.
Los chicos que hay vienen en grupitos y casi todos se conocen entre si, ya sea que son habitúes del lugar, ya sea porque están en su barrio, o por ser hinchas de dicha murga. Algunos otros integrantes de algún grupo carnavalero, tampoco faltan los amigos de un amigo que dijo que estaba bueno, y fueron a ver.
0:30hs, ya muchos cajones de cerveza vacíos, colas imponentes en el baño de mujeres….”obvio”, se ve a un murguista afinando su guitarra y otro probando el micrófono. Esta por empezar el show semanal, la gente se va acomodando, algunos se sientan con su grupito y escuchan de fondo, otros se paran adelante con botella en mano, cantando algo que no se entiende bien, pero se nota la alegría, otro de atrás grita “….arranca con la de siempre…” a distancia se ríen, ya están todos entonados.
Comienza a cantar el que parece ser el más aclamado por la gente, aparte de la guitarra lo acompaña la percusión de la murga. Hace una breve presentación, todos chiflan y aplauden, canta una conocida, mucho ritmo y candombe para ser la primera, la gente lo sigue a coro, es una fiesta!. Por un largo rato no hay pausa, una tras otra, cada vez mejor. Se despiden, antes invitan a una chica…(no entendí bien el nombre), parece ser conocida de mucha gente, al principio con vergüenza se niega, pero pronto arranca el coro y palmas “… que cante!, que cante!...”, se acerca al micrófono sutilmente. Por otra media hora, que se hace corta! accede a los pedidos del publico, enseguida se arrima uno y avisa que hay un pequeño descanso. Se termina la música, ahora aprovecha la gente para salir a fumar, saludar a los conocidos, pasar por la barra o el baño, apenas se puede escuchar, se mezclan las voces y no se entiende nada.
Salgo, respiro el aire fresco mientras pito mi cigarrillo, aquí entre el bullicio y los cuerpos extasiados, siento que me remonto a los cultos Dionisíacos.
Mientras escucho voces ensayar desde el vestuario, otros salen frunciendo las narices, con la mirada dura y perdida. Los saludos y las conversaciones abundan, algunos alborotados piden próximos temas, todo se mezcla con el repique de un tambor, y en este ambiente orgiástico puedo ver como algunas miradas se encuentran y piden retirarse a un lugar más tranquilo, susurros y secretos que no puedo captar.
Un perro olfatea una oreja, la persona frunce el ceño, un niño se balancea sobre sus pies, alguien a lo lejos muerde una exquisitez de la parrilla, rebota una pelota en la cancha, un vaso se rompe…, risas…, volvemos a entrar.
Son casi las 4, ya hay algunos dormidos sobre la mesa, otros se fueron, pero la fiesta sigue. El animador vuelve al micrófono para dar algunos anuncios y avisa que se acerca el final, unos pibes que están comenzando con su murga piden para presentar una canción, el público atento escucha y los aplaude.
El espacio que quedo libre por los que se fueron en este momento lo ocupan los más tímidos que ahora aprovechan a bailar, las espumas no dejan de rebosar los vasos.
Entrando los primeros rayos de sol, están quienes se despiden afectuosamente y quienes se retiran con los cuerpos cansados, pocas voces, solo se escucha una radio, las sillas se apilan en un rincón, los vasos vuelven a la estantería, mientras que la escoba recoge algunos cristales rotos, se encienden varios motores. Mientras me retiro puedo ver los vestigios de una noche escondida en una cueva, pequeño suburbio nocturno…
¡Montevideo me sorprende!
LOLA
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