¿Qué respuesta ha tenido
la murga en la calle?
H.P.: Yo creo que a nivel de escenarios –si bien
han sido pocos- ha sido muy pareja la respuesta de la gente. Ha sido
uno de los años más parejos de la murga en la calle, en
todos los escenarios que hemos hecho nos ha ido bien.
Además existe otra cosa que es como un agravante, y es que la
gran mayoría de los escenarios –yo te diría más
del 90%- han sido a primera hora. Eso te juega en contra, porque la
gente va sobre la hora, van llegando al escenario cuando la murga ya
está cantando. Así y todo se van enganchando, y la murga
baja del tablado con un público de pié recibiendo muy
bien la propuesta... esperemos que siga así.
¿Cómo vieron a la murga
en la Primera Rueda?
H.P.: A mí me gustó mucho la actuación
de la murga en el Teatro. Es un año atípico para esta
murga, porque venía con una base de gente que no sólo
era la cabeza creativa sino que también eran el timón
del grupo, gente en la que uno puede confiar y respaldarse. Y la gran
mayoría de esa gente no estaba. Si bien el espectáculo
estaba pronto desde hacía tiempo, a mí me quedaba la duda
de que pasaría con la murga ese día. Había mucha
gente debutante, era como un grupo nuevo. Y sin embargo la murga respondió
muy bien arriba del escenario, yo quedé muy conforme. Al público
le pasó lo mismo que nos pasaba a nosotros; tenían la
expectativa de saber qué iba a pasar con “La Gran Siete”
sin la gente que era de referencia, sobre todo Lamolle y otros compañeros.
Creo que la gente arrancó expectante y de a poquito se fue metiendo,
y se olvidó de que en “La Gran Siete” no estaban
algunos integrantes viejos y terminó disfrutando la misma murga
que disfrutaba siempre.
De repente por esto que estás
diciendo en el escenario se vio esa conjunción entre la experiencia
que tiene acumulada la murga y también mucha frescura, que viene
de la mano de los integrantes nuevos...
H.P.: Sí, totalmente, eso se nota. Se nota en
el espectáculo en sí y se nota en la diaria; en la bañadera,
en el club, se notó en los ensayos. Todo igual se dio sin perder
la identidad de la murga; se logró integrar un montón
de gente que comparte el estilo pero que a su vez renueva a la murga.
Por una cuestión de edad, básicamente.
Se nota que han puesto mucho trabajo,
no sólo en la parte artística sino en el trasfondo de
la murga; por ejemplo en la confección de los trajes, las chapitas
las pegaron ustedes....
H.P.: Sí, eso es algo que no es novedad en la
murga. A la murga la gran mayoría de los años le cuesta
mucho sacrificio y laburo salir a la calle. Este año tiene laburo
extra por la cantidad de gente que estaba al frente de la parte creativa
que ya no está... entonces además de pegar chapitas –que
otros años fue cortar papeles, laburo artesanal para los trajes
ha habido la gran mayoría de las veces- este año hubo
que agregarle armar el espectáculo, que en general el grupo estaba
descansado en que lo armaba básicamente Lamolle. Y este año
hubo que hacerlo, con poca experiencia previa.
¿Cómo fue ese “hacer
el espectáculo”?
M.J.: Primero muchas reuniones para poder concluir
una idea de hacia dónde apuntar el repertorio de la murga. La
letra es lo fundamental, es lo que te va a determinar cómo lo
vas a cantar, cómo te vas a mover... fue complicado, a veces
entrábamos en pozos de los que pensábamos que no íbamos
a salir. Hubo mucha gente de Murga Joven que se juntó con nosotros,
gurises que nos dieron una mano. Se batieron muchas ideas, muchas quedaron
por el camino y algunas forman pequeña parte de lo que es ahora.
Arrancamos en agosto, una hora antes de los ensayos nos juntábamos
para ver qué podíamos escribir, sobre qué se podía
hablar... A partir de que se formaba alguna idea comenzamos a juntarnos
en la casa de Guillermo Capo –otro de los gurises que escribió-
y nos reunimos todos los días durante setiembre y octubre, y
había días que nos juntábamos y escribíamos
dos palabras. Ahora lo miramos de lejos, pero fue bastante complicado
el tratar de mantener el espíritu de la murga. Por suerte el
flaco Lamolle siempre estuvo a la orden, nos asesoró en algunas
cosas, nos escribió una muy buena retirada además. Fue
difícil, pero también fue muy lindo ver cómo la
murga se adaptaba a las cosas que se traían.
Ya van unos días de Carnaval...
¿qué es lo que esperan ustedes de lo que sigue?
H.P.: Yo todos los años arranco el Carnaval
con la misma esperanza, y es que algún día alguien ponga
cabeza para cambiar cosas de la interna misma del Carnaval. Una es el
tema de los escenarios, de los mal repartido que está el laburo.
Me parece muy injusta la forma que hay de trabajar en la calle, creo
que hay maneras de socializar el laburo sin perjudicar a nadie. Además
esto se relaciona con el concurso; el espectáculo se enriquece
cuando lo probás en más escenarios. El público
es un actor fundamental en todo esto; es obvio que el espectáculo
de alguien que hizo cien escenarios va a estar mejor que el del que
hizo veinte. Además el que hizo cien escenarios ha tenido la
posibilidad de que a su espectáculo lo juzgue mucha más
gente... para un lado o para otro, no importa, eso ya es positivo. Creo
que hay cuatro o cinco personas dueñas de escenarios que terminan
influyendo directamente en el Carnaval, más allá de las
posiciones del concurso. En realidad influyen en ambos sentidos; en
las posiciones y en el público en general. Por eso me parece
que a alguien se le tiene que ocurrir algo para hacerlo más justo,
porque se está yendo hacia un lado que a mí no me está
gustando. Se va para un lado de espectáculo teatral, donde el
artista se sube y el publico aplaude, y se está perdiendo un
poco lo que era la frescura del Carnaval de hace no muchos años.
El “Flaco” Lamolle tiene un proyecto escrito –que
está publicado en su libro- que me parece algo muy interesante,
porque es una buena punta para innovar en la calle. Lo más rescatable
de ese proyecto es que no se precisa inversión de ningún
tipo, se precisa simplemente apoyo y ganas de realizarlo. Es una buena
punta para socializar el laburo.
M.J.: El tema con el laburo es que le está haciendo
mal al Carnaval y al propio caranavalero, porque lo que siempre profesó
el Carnaval en cuanto a la justicia y a repartir bien la torta el Carnaval
mismo lo está matando, los dueños de los escenarios y
los carnavaleros a los que les da lo mismo. Hay conjuntos que se quejan
ahora de esto, y cuando ellos hacían el doble de los tablados
que hacen ahora no decían nada. Es bastante complicado.