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Murga Primer Premio Concurso Oficial 2005
Ensayo: Club Banco Caja Obrera, Urquiza y Luis Alberto de Herrera -
La murga joven uruguaya más interesante del momento desembarca en Buenos Aires.
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Por Cristian Vitale

Agarrate, que propone una crónica lúcida de la actualidad uruguaya, actúa hoy y mañana en La Trastienda.

Si se juntaran, cronológicamente, todos los textos producidos por las murgas desde los albores del siglo XX hasta hoy daría la más completa historia social, cultural y política del Uruguay. Como dice Tabaré Cardozo, director escénico de Agarrate Catalina, sería una especie de larga crónica del pueblo “escrita por el pueblo”. Y su murga, por caso, protagonizaría el último capítulo de esa larga secuencia de hechos. Dos razones: la primera es que se trata de la murga joven más exitosa de la actualidad. La segunda que, como tal, nunca se corre de los requisitos de todo combo adorador de Momo: actualidad, crítica y crudo realismo. “No nos corremos de su función central –reafirma su hermano Yamandú– cuando componemos, buscamos hacer un diario popular escrito por gente de los barrios.” El último “diario” publicado por Agarrate –que cruzó el charco para ser leído en La Trastienda hoy y mañana– resulta de lo más lúcido, zarpado y entretenido de los últimos carnavales montevideanos. No sólo por haber resultado la mejor en los certámenes de los últimos dos años, sino porque no le hacen asco a ningún tema candente. Por ejemplo, las papeleras. Le pusieron “El cuplé de la celulosa” y cantan: “Rumbeando para Fray Bentos (...) qué lindo es volver al pago / y encontrarse con la planta / pa'sentir olor a humo / que las chimeneas largan”. “No hay una bajada de línea –explica Yamandú, director responsable–, porque es un tema que se discutió mucho a todo nivel. Nosotros estamos a favor de muchas cosas y en contra de otras.”

–¿A qué se oponen?

Yamandú Cardozo: –Al papelón que sucede cuando arrancan los nacionalismos con sus banderas fratricidas. Hay un daño tremendo y real que es el enfrentamiento entre la gente de Gualeguaychú y Fray Bentos, que comparte un espacio común. ¿Qué pasa con eso? Por eso hicimos el cuplé, para desdramatizar la situación. Llegó un momento en que no se hablaba de ideas, sino de culpas. Un patrioterismo barato, cuya solución fue burlarnos. “No me hables más de esto, estoy podrido.” La idea es intentar que la gente hable de otra cosa en sus casas. De algo menos solemne.

El cuplé de la celulosa es el más empinado entre los tantos que la murga aborda en su último disco-espectáculo: El fin del mundo. Otro, más desopilante tal vez, se llama “Cuplé de las cucarachas”. Los Cardozo brothers se reunieron un día para definir a qué cuestión del planeta ponerle letra y decidieron imaginar qué sería del mundo después de su destrucción. “Una mezcla de sabiduría popular y pseudociencia dice que las cucarachas sobrevivirán cualquier destrucción. Entonces, nos pareció copado mirar el mundo desde ese lado. Porque ellas, como dice el tango, están probándose la ropa que uno va a dejar. Eso nos permitió jugar a ser nosotros, mirarnos desde afuera. Burlarnos y reírnos de nosotros como parte del género humano”, cuenta Yamandú. El cuplé tiene varias partes. Hay un rápido sarcasmo sobre Bush y la guerra de Medio Oriente; un giro fumón –“Voy a armar un porrito con un espiral”, dice una cucaracha por ahí–, hasta que en un momento aparece Hugo Chávez, personificado por Martín, otro Cardozo brother. La ironía es que el personaje realiza miles de tareas mientras el mandatario bolivariano no para de hablar.

“Un caricaturista hace un dibujo de alguien que admira, con quien coincide en muchas cosas pero no deja de reconocerle otras. En el caso de Chávez, siempre nos resultó muy graciosa la cantidad de horas que habla. Los tres letristas de la murga somos de izquierda, pero muchas veces esperé sentado con mis viejos, que también son militantes, esperando que hablara el compañero, y en un momento nos vimos cambiando la tele desesperados, porque no queríamos saber más nada a la tercera hora de alocución.”

–¿Chávez se enteró?

Y. C.: –Todavía no lo pudimos convocar para que vea el cuplé, pero el otro día estuvimos en una exposición rural y había unos stands venezolanos. Y los expositores nos felicitaron llorando de la risa. “Amamos a nuestro presidente, pero nos encantó.” La murga tiene eso, está bueno que puedan entender su código de caricatura. Me encantaría que nos viera Chávez. La onda es reírnos de él. ¿Por qué un revolucionario no puede ser gracioso?

Colorida, sarcástica y acrisolada, Agarrate Catalina –que también “operó” al Pepe Mujica– es una cooperativa de 28 personas, entre artistas, maquilladores, utileros, vestuaristas y puestistas de escena. Cultivan la horizontalidad económica –ganan todos lo mismo– y nació como una barra de amigos con ganas de subirse al tablado. Yamandú era utilero de Falta y Resto y su hermano había salteado madrugadas con la Falta, Contrafarsa y Curtidores de Hongos. “Cuando era utilero sentía la misma sensación que sentís cuando te gusta una mina pero sos el amigo. Sabés los horarios, los hábitos, todo... pero la mina tiene otro novio. Yo empecé a necesitar más de la murga. Estar dentro, cantar, expresar lo que me pasaba. Así me convertí en el factor convocante”, cuenta Yamandú. La rueda loca empezó a girar en abril de 2001. Se presentó –con trajes de bajo presupuesto– en el certamen de murga joven en la primavera, ganó el derecho a participar del carnaval mayor y, como La Mojigata, se convirtió en suceso. “Encontramos el lugar en el encuentro de murga joven, sino el volcán hubiese explotado por otro lado. Hubiésemos hecho murga en las esquinas”, dice el director.

A los tres discos editados hasta el momento –El tiempo (2004), Los sueños (2005) y el flamante El fin del mundo– los cruza un eje: exagerar defectos de amigos y enemigos. Caricaturizar. “Intentamos decir desde la ironía y el humor. Como son temas muy serios, está buenísimo encararlos con gracia. La cachetada que tiene que doler, duele más”, sostiene Yamandú. “Cada uno tiene su ojo crítico válido –agrega Tabaré–. Todos miramos la misma realidad desde atalayas diferentes. Además, todo el mundo tiene acceso a la radio, la tv o el diario, pero no todos a estar del otro lado. La murga presenta esa posibilidad. Somos laburantes, artesanos, feriantes o simples peatones que se juntan en una esquina a dar su visión de la actualidad. Una vez que Momo te pasó esa maldita enfermedad del Carnaval, estás frito.”