Tenemos murgas, ¿viste?

Las estrellas del carnaval uruguayo se instalan en Buenos Aires para enseñar redoblante y sátira social. Los grupos de rock también trepan al boom de Momo.

Informe elaborado por Jordi Canta
Publicado en Diario EL País Suplemento Que Pasa (Sábado 16 de Setiembre 2006)

 

La murga se instaló para siempre en la Argentina. Hay decenas de talleres, cursos y grupos formados por argentinos con uruguayos residentes. Las agrupaciones aprovechan el boom para actuar seguido y los protagonistas se instalan en Buenos Aires para poder vivir de lo que más les gusta. Tomá mate.
En el corazón del fashion barrio de Palermo Hollywood, los mitos de Pepino y Cachela se personifican. No hay ni bombitas amarillas, olor a churros calentitos ni bingos "rapiditos", pero se respira tablado, o al menos se intenta. Parado en el centro del coqueto galpón, decorado con un verde pastel muy a la moda, Jesús, con su guitarra colgada, repasa los tonos de los segundos y grita: "Un, dos, tres… fue".
La Cuerda Floja canta, promete volver, para entregarte el alma y volver a nacer/ Es un mágico viaje hacia otro Carnaval…" y arranca con su despedida. La escena tiene sus duplicados en Buenos Aires, Avellaneda, San Antonio de Padua, Villa Ballester, La Plata, Rosario, Mendoza, Entre Ríos y cualquier otro rincón de la Argentina. ¿Qué pasó, acaso enloquecieron los porteños?
Para nada. Primero fueron algunas murgas (Falta y Resto, La Reina de la Teja, Diablos Verdes y Araca La Cana) las que se atrevieron a extender la temporada carnavalera más allá de febrero y de las fronteras. Pero fue Jaime Roos, de la mano de sus únicos y demoledores temas con impronta murguera, el responsable de que ese fenómeno cultural cobrara un impulso arrasador y el sonido tan característico empezara a ser familiar en Buenos Aires.
"Los argentinos están muy interesados en nuestro canto. Porque es particular y único", afirma Jesús Fernández, de 29 años, integrante fundador de La Mojigata y arreglador en Buenos Aires de La Cuerda Floja, formada hace casi dos años por argentinos y uruguayos. Su historia es como la de muchos otros. Cambió La Comercial por el porteñísimo barrio de Almagro y hasta ahora puede lograr el objetivo que se planteó antes de partir: vivir de la murga. "Acá hay una fuente de laburo que no se consigue en Montevideo", explica.
La punta de lanza en instalarse en Buenos Aires y vivir de la murga fue Alejandro Balbis, director y arreglador de Falta y Resto, A Contramano y Contrafarsa, entre otras agrupaciones. Hace ocho años se cansó de ir y volver y ancló en la Reina del Plata. Es un referente, no sólo por armar decenas de grupos y fomentar el género a lo largo de la Argentina, sino por integrar coros y trabajar en composiciones y recitales con bandas de renombre como Los Piojos, Bersuit Vergarabat, Arbol o la Vela Puerca, grupos que definitivamente han adoptado el coro murguero como parte de su identidad musical. Actualmente, en otro hito de este desembarco, tiene un segmento semanal en un programa del estatal Canal 7, en el que canta a modo de popurrí carnavalero las noticias de la semana. "La decisión de emigrar nunca fue conciente ni premeditada".
Más allá de que Curtidores de Hongos, Contrafarsa -y en estos últimos años Agarrate Catalina- son presencias habituales y tienen hinchada propia entre los más jóvenes, Falta y Resto fue la que a base de insistencia y un prolijo trabajo de publicidad, supo ganarse el título nobiliario de "murga más famosa".
Ya van ocho años ininterrumpidos de presencia en la Argentina. Sus prolongados ciclos en un prestigioso escenario como La Trastienda, sus giras por todo el país y sus actuaciones en el mítico Luna Park, le han hecho acreedora a la ciudadanía argentina. Cantar en la Plaza de Mayo durante la fiesta patria del día 25, coincidente con los dos años de la gestión de Kirchner, la convirtieron en un actor cultural de primera línea.
Como si les hiciera falta una confirmación, no les tembló la conciencia y la murga pasó febrero lejos del Teatro de Verano para afianzar aún más el vínculo con el público argentino. "Hay que hacer un impasse y retirarse un poquito de la realidad del Carnaval para verlo desde afuera y volver a entrar, y así poder modificar esa realidad, que es lo que tiene que hacer constantemente un artista", dijo Raúl Castro, letrista y director de la murga, que acaba de estrenar un nuevo espectáculo, Amor Rioplatense, en el ND Ateneo, de Paraguay y Suipacha.
Martín Duarte, integrante y director en 2005 de "La Catalina", sabe lo que significa el apoyo popular y la respuesta de las plateas. "La diferencia principal entre ambos públicos es lo expresivo que es el argentino. A los uruguayos se nos cataloga de grises, de discretos y nunca te van a decir `me encantó este espectáculo` o `no tienen idea de lo que me movieron`. Creo que es la principal diferencia. De hecho, muchos argentinos que vienen a Montevideo en febrero los reconocés enseguida: son los que no tienen ningún empacho de esperarte a la salida de algún tablado y expresarte lo que siente".

Vengo por el aviso

"Murga uruguaya con letrista propio y lugar de ensayo busca voces, preferentemente sobreprimo-tercia-bajos o segundos para concursar en el Carnaval 2007 en Montevideo, dirigida por Leo Silva, quien los espera en la calle Venezuela 1509". El aviso aparece en internet y la dirección dada es, por supuesto, de Buenos Aires. Hace un par de años, ¿a algún carnavalero se le hubiera ocurrido reclutar voces para el carnaval más largo del mundo en otra ciudad que no sea uruguaya? Bruno Carrasco, integrante de Recalada, la murga en cuestión, lo explica: "Acá se arman muchos grupos y nunca terminan en nada. Ahora la idea es llegar a hacer la prueba de admisión para el carnaval. Pero tenemos 12 voces y la batería completa. Todavía nos falta sumar gente. Somos todos residentes y sabemos que lo complicado será juntar la plata para los trajes y conseguir días para viajar, pero es lo que más queremos hacer".
Pero ¿qué pasa con los argentinos que sueñan con vivir en el reinado de Dios Momo? Diego García Masi, periodista argentino, atrapado sin salida dentro del universo de la murga, integrante de La Cuerda Floja y ex de La Inconclusa, le pone un poco de análisis a tanta pasión. "Nunca voy a olvidar mi primer encuentro con la murga. Y la fascinación que provoca ver 45 minutos de canto, música, color, actuación, baile, vestuario, maquillaje, humor, opinión y hasta poesía. Ojalá tengamos en la Argentina algo parecido como identidad cultural", cuenta.
La murga argentina tiene un estilo bien diferenciado. El protagonismo es mucho más visual que sonoro, con malabares, saltos, pasos de baile y línea de bombos. La gran incógnita a revelarse en los próximos años pasa por saber si la influencia uruguaya terminará contaminando la identidad de la argentina, relegada tanto en la consideración artística como en el apoyo popular. "Hay dos vertientes muy definidas entre las murgas de estilo argentino y uruguayo. Y creo que en realidad tarde o temprano deberán converger en una única forma, ni mejor ni peor. La murga argentina que imagino vendrá, tendrá cosas similares a la nuestra pero también incorporará otras características", dice Gustavo Cabrera, letrista y director de A Contramano.
Diego Santonovic tiene 30 años y su pasión es la murga. Es el bombista de Cachengue y Sudor, una agrupación argentina que sigue creciendo. Como observador del fenómeno de sus pares uruguayos, considera que el desembarco sólo puede aportar cuestiones positivas en la murga porteña.
"Son géneros muy diferentes, y aunque en los últimos tiempos los cantantes argentinos se están preocupando por mejorar ese aspecto, el marcado canto montevideano puede darle un aire de renovación y revalorización a las voces locales", asegura, con la misma firmeza con la que cree difícil que la murga uruguaya logre imponerse.
Santonovich afirma que en el escenario, las murgas que en la Argentina se consideran oficialmente como Agrupaciones Murgueras son las que suelen acercarse más a sus pares uruguayas, dada la teatralización que llevan a cabo. "No así las Centro Murga, que son más clásicas, con bombo y con platillo como único instrumento y poca coreografía o teatralización", agrega.
La consolidación de un fenómeno cultural de exportación es evidente. Tal vez esta invasión cultural a la inversa sea la más dulce de las venganzas ante tanto ídolo importado vía televisión y prensa rosa. Y, en tiempos en los que las pasteras intentan levantar un muro en la relación entre ambas orillas, la murga puede convertirse en un grito ancestral de hermandad cultural.

Creo que escucho un couplé del otro lado del río

Armando cuadros en la otra orilla

Su voz ronca, algo cascada, sigue intacta. Y su currículum, con sus cortos 38 años, hacen de Alejandro Balbis un referente. Mantuvo la costumbre de alternar Montevideo con Buenos Aires. Claro que desde hace ocho años el centro de operaciones no es más Pocitos sino la capital argentina.
-¿Cómo se explica el furor que hay con las murgas?
-El carnaval en las dos orillas se las ha arreglado para sobrevivir a nuestra desidia, de vernos frente al mundo como de segunda categoría. Entonces, nos encerramos en nuestras casas a consumir todo lo que podamos. Y lo que se nos vende por los medios no es precisamente nuestra vena cultural.

-¿Qué viste en el horizonte para decidir la mudanza?
-En la Argentina encontré un campo fértil para continuar con una manifestación cultural nacida en un lugar chico y de poca gente, íntimo, como es Uruguay. Y de la mano de hombres insustituibles y de la mágica pátina del tiempo, está dando flores como Falta y Resto, Eduardo "Pitufo" Lombardo y Agarrate Catalina. La pasión que despierta esta gente en el público argentino es total.
-¿Sentiste cierta envidia o crítica de tus colegas?
-Cada vez encuentro más apoyo, más cordialidad entre mis compatriotas por nuestro trabajo en la vecina orilla. Preguntan con sano interés y lejos de la clásica envidia que sentimos por el vecino que dejó la comarca.
-¿Creés que en algún momento terminarán fusionándose ambos estilos de murga?
-Hay muchas formas de hacer murga y una de ellas se hace en Argentina. Barrial y vecinal. Con esa gente hacemos cuadro, hacemos la murga. Encontramos lo artístico desde otro lado.